viernes, 24 de junio de 2011

Noche de San Juan

Hoy de nuevo una injusticia se cierne sobre mí. Vale, sé que dije que no iba a escribir cosas negativas pero en el cuaderno sí que no puedo hacerlo y me tengo que desahogarme, porque ahora sólo lo hago con mamá, y obviamente hay cosas que no puedo contarle, y a los que sí podría, no quieren escucharme, o no saben.

La frase de hoy viene que ni pintada para darme fuerzas de nuevo:
"Pienses que puedes o que no puedes, en cualquier caso tienes razón."

No es justo que por muy catedráticos que sean me hagan asumir a mí sola toda la responsabilidad de los actos comunes. Espero no ser nunca como María Villarroya (Zaragoza) que pasó de militante precaria a dar mierdabecas con A a ingenieros para realizar trabajos que deberían ser remunerados; o Toni Gabaldón (Valencia), que fue por quien yo me involucré en Eurodoc y Precarios, de responsable de la comisión de AAEE de estos últimos, a encontrarme en un edificio de la UPV un cartel firmado por él pidiendo becarios para hacer el doctorado, algo contra lo que se le llenaba la boca en las asambleas de Eurodoc.

¿Ser adulto significa volverse cínico? Yo sigo siendo idealista y romántica, y sueño y sueño, aunque últimamente den al traste todas mis esperanzas. Los de arriba mienten para justificarse de sus actos; ahora necesito que los que han afirmado que están a mi lado, lo estén de verdad. Ya no sé qué hacer para ser interesante, sigo estando sola y necesito amigos y cariño.

Entonces, ¿qué es cierto y bueno?

Cierto y bueno es ir a ver las fotos del CAU, sentame al lado de... (... no lo pongo aquí, aunque no creo que lo vea nadie, pero por si acaso, ya he tenido demasiadas malas experiencias y en el CAU también, creo que mucha gente no me habla por rumores que otra gente ha hecho correr sobre mí que no tienen nada que ver conmigo... ¿por qué sigo siendo tan inocente?), y salir con Ana, y que me interrumpan por el camino para pedirme direcciones y charlar, los demás esperando abajo para ir al barrio de la Magdalena, donde en el parque Bruil hay espectáculos, barbacoas, música, fiesta y la hoguera de San Juan más famosa de Zaragoza.

Antes cenamos un bocata (bueno, medio, que uno era muy grande) en un local de moda, y escribimos los papelitos que vamos a quemar en la hoguera, como aquella vez con Marisa en la Patacona. Aquella vez me salieron 5, hoy sólo se me han ocurrido 4, porque me cuentan que es costumbre en Zaragoza también escribir los deseos buenos, conservarlos, atarlos con una cinta morada y guardarlos en un lugar especial. Así que escribo dos, y como Ana dice que lleva amuletos en el sujetador, y no tengo donde  guardar mis buenos deseos, lo guardo en el mío.

La hoguera enorme y majestuosa, el fuego a veces llora, a veces sonríe, a veces amenaza, ¿es el cierzo que lo mueve o las cosas malas que se están quemando?


Lo malo son los petardos saltarines, los petardos disparados, los fuegos artificiales caseros que pueden salir de al lado tuyo como te descuides, y esas bengalas gigantes con las que dispersan al personal. Nos vamos a casa.

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