martes, 11 de febrero de 2025

La vie est belle

 


¿Quién me iba a decir que esa postal que eché sin querer en un buzón gastado de Pigalle llegaría a tus manos, de entre todas las manos del mundo? Lo escribí para nadie y para mí, en todos los idiomas que aprendí una vez, y no tenía dirección en el sobre, cuando encontré ese buzón y saqué todas las postales que había escrito ese día maravilloso de París bajando corriendo del Sacre Coeur después de que me dibujase un artista que andaba por una calle lateral de la place du Tertre, a bailar swing y pensar en positivo en la place de la Comédie Française. Las eché corriendo para no llegar tarde al baile, ahora lo sé, y solo después, mucho más tarde, ya en el hotel de la rive gauche de la Seine, me acordé que no tenía dirección. 

Hoy 14 de febrero te presentas en mi puerta.

Tú de todas las personas, no te esuché cuando nos encontramos por primera vez hace tantos años que parece que nos conocemos de toda la vida, en esa época yo no tenía la cabeza para relaciones, pero llamaste mi atención, y, me alegra comprobar, que también un poco yo la tuya, lo suficiente para abrir esa carta sin nombre y acordarte de mí, buscar en google (que miedo da eso, pero cómo me alegro de que seamos tan predecibles, a veces) y te apeteciese vencer todos los problemas de comunicación que implican venir a este rincón del norte de España y encontrarnos. 

Voy a abrir esa botella de vino tinto para valientes y brindemos.

Vamos a entendernos.

 




 


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