Un viaje que ha durado desde 2012 hasta 2020... confundí mi nido en calle Bajada de la Encina nº1, Santander con un principio de algo y salí escaldada por los vecinos, el bar, el ruido, el barrio, y Julio, con quien tuve la mala suerte de compartirlo sin estar preparados. Era mi lugar propio en Santander, para poder aprovechar al máximo la suerte increíble del contrato Ramón y Cajal, y seguir viajando y en contacto con investigadores en otros países teniendo un lugar donde volver cerca de mis padres y donde mamá no me amenazase con tirarme los peluches. Bueno, ahora la mayoría de los peluches se han quedado allí llenos de polvo y porquería de ese arcón mugriento que nunca llegué a cambiar; del polvo acumulado de estos meses de piso vacío en un inmueble viejo y una calle llena de humos y suciedad, sobre un nido de chinches que aunque gracias a la covid esté cerrado ahora no ha hecho nada por la higiene en 40 años.
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| Al principio, todo era posible. |
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| Esta cocina siempre fue horrorosa. |
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| Al principio, cuando todo era posible todavía. |
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| Echándole imaginación para encajar muebles en un piso cuyo "mayor encanto" es no tener una sola línea recta. |
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| Mesa de cocina para dos. No sé para qué. |
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| La pared no es morada pero el sofá sigue ahí para cuando puedan y quieran venir visitas. Quizá en un piso mejor con vistas les apetezca más, una vez que pase esta historia y la gente tenga ganas de viajar. O no. |
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| Llenar la casa de mensajes amables para expulsar a Musgoso, tampoco sirvió de nada. |
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| La mesa y las sillas se vienen conmigo. |
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| Cuando me cansé de intentar buscar juntos un sitio más grande a gusto de los dos, encima le preparo un sitio propio... que solo ha servido para que me mirase menos. |
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| Almacenamiento para dos en un baño pequeño. El error de pensar que "compartir es amar". |
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| Baño pequeño con almacenamiento para dos. |
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| Mariposas para saludarme por las mañanas, cuando nadie más lo hacía. |
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| Mariposas de colores livianos para tapar fealdades en esa cocina tan oscura. |
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| Este mural de Colombia que me ha acompañado desde la infancia me lo puso papá como transición al piso "definitivo" y ahora hace compañía a la bici. |
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| Así era el mundo en 2008 cuando yo viajaba. Esto sigue muy parecido en mi estudio actual. |
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| Agujero con lámpara artesanal del sudeste asiático que me encargó papá para que Julio y otros adolescentes de 50 años respetaran la infraestructura de mi hogar. |
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| Cortinas blancas para tener luz y privacidad en una calle molesta. |
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| Cortinas blancas para tener luz y privacidad. |
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| Armario con el que venía y que he cambiado por uno estupendo de IKEA que se ha tenido que quedar allí al transportarme a otro lugar mejor con todo lo que pude conservar para llamar hogar. |
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| Esta es la parte del baño que he cambiado a pesar de mi negligencia. |
Todo me lo merezco. No sé cómo hacer para que la gente se quede a mi lado, y ahora me he despedido del piso que iba a ser mi lugar de paso adonde volver a Santander de paso desde otros lugares y llevar a cabo la vida internacional que soñaba de lejos. Me he dejado enclaustrar aquí y ahora me voy de este piso con vistas para disimular que no sigo en la misma ciudad agobiante. Acabo de leer un pasaje de Laurence Durrell en "Justine", el primero de los volúmenes de su famoso Cuarteto de Alejandría, (aunque yo conocí primero a su hermano pequeño, el naturalista Gerald Durrell), en el que admitía estar en punto muerto al principio de la historia. Si él salió del punto muerto conociendo a otras personas en parecida situación, ¿hay todavía esperanza para mí?
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