domingo, 23 de febrero de 2020

De Budapest a Nueva York



Acabo de terminar "No lo verán tus ojos" de Isaben San Sebastián, y me dispongo a hacer la reseña ya que lo empecé a leer con ganas por tres motivos:
  1. La acción comenzaba en Budapest, ciudad que no conocí hasta que empecé a preparar el viaje de agosto 2018 con mamá y Carmen del que creo no haber publicado nada hasta ahora. 
  2. Un compañero de las rutas de montaña de la UC, me dijo que a él le había gustado mucho, lo que me animó a perseverar en la lectura.
  3. La acción continúa en Nueva York, donde estoy haciendo planes para pasar el próximo verano en la Universidad de Columbia (cruzando los dedos mental y realmente, muy fuerte), así que seguí leyendo...
Todos los personajes menos uno pertenecen a clases privilegiadas: abogados, empresarios, diplomáticos, la historiadora del arte descendiente de una marquesa de Madrid (?), y los contactos profesionales o personales de ésta. Es una mujer cultivada con una carrera profesional sólida a sus espaldas, viajera, independiente y acostumbrada a todos los lujos. Es la encargada de certificar la autoría de El Greco de un cuadro que va a ser subastado en Nueva York, cuando la intercepta un taxista de Brooklyn de bastantes malas maneras afirmando que es el auténtico propietario del cuadro y acusándola de defender a los que asesinaron a su familia para quedarse con las  ganancias de la venta de algo que no ha visto en su vida. 

Para resolver la duda, y a pesar del rechazo inicial (comprensible como se verá) que ese tipo inspira a todo el mundo, ella le invita a Budapest y Madrid para investigar los orígenes del cuadro y comprobar quién tiene razón. Nosotros sabemos, por la primera escena de la novela, que ese cuadro estaba colgado en casa de un abogado y empresario judío pudiente de Budapest, la noche que esperaba al oficial nazi que se le iba a llevar al campo de concentración donde acabaría su vida, por haberse quedado demasiado tiempo, por haber creído que sus privilegios y sus contactos le protegerían, como les pasó a tantos otros, no solo judíos, pienso en los republicanos que esperaban los barcos de la evacuación en el puerto de Alicante, al término de la Guerra Civil Española... también esperaban confiados un auxilio que nunca llegó. Este al menos admitió poner a su mujer y sus hijos a salvo gracias al apoyo de Angel Sanz Briz, el Ángel de Budapest:


El taxista, aun acusando a la historiadora de pija, privilegiada, sabelotodo, y todo lo que demás se pueda añadir, quizá para ocultar su sensación de inferioridad ante una mujer que le resulta físicamente atractiva, acepta la invitación y a medida que van interrogando a personal e investigadores de archivos, embajadas, bibliotecas, que ponen sus conocimientos desinteresadamente a su disposición, se va mostrando más y más grosero y violento, justificándose por las barbaridades que los nazis hicieron a los judíos de los que él mismo renegaba hasta haber oído hablar de la subasta, ignorando al resto de víctimas y culpabilizando a todos los demás de su incapacidad para medrar.

Incluso cuando las pesquisas de ella (porque él no hace más que insultar y comer) descubren que el padre de él abandonó  a su madre y su hermana en la pobreza en España, tras asesinar salvajemente al que robó el cuadro a su padre en Budapest, algo que según el transcurso de la novela él no podía saber porque ya había sido evacuado a la embajada española de Budapest cuando sucedió. El energúmeno aplaude el "ojo por ojo" de su padre, que efectivamente le sacó las cuencas de los ojos al nazi refugiado con nombre falso en España, y se largó dejando que la culpa recayese en el hijo de aquél, que tampoco estaba en Budapest cuando el padre robó el cuadro.

Cómo sabía ese chico quién era ese alemán y qué había hecho a su familia y cómo conoció el taxista a su abuela en Brooklyn si su tía está en la indigencia en una residencia de las hermanitas de la Caridad de Madrid, muriendo de Alzheimer, es otro misterio que la autora de la novela deja sin resolver.

Por qué la autora juzga a todos los personajes que describe por su apariencia física, y cómo se regodea en cómo el taxista trata a la historiadora como mujer florero, quejándose cuando ella se explaya en explicaciones que él le acaba de pedir sobre temas de la investigación o del cuadro o del Greco,  y llamándola pija y privilegiadacuando ella pone su patrimonio y su casa al servicio de las investigaciones que sigue en su favor, es otro misterio, así como por qué, por qué, ella consiente esa actitud, la defiende y la justifica ante terceros, e incluso le admite hasta en su cama, sólo porque le encuentra "guapo".

Dan ganas de vomitar, porque la violencia, el machismo, la hipocresía puestas aparentemente al servicio de una "buena" causa, invalidan todo el concepto de "bueno" de dicha causa.

Por qué todos los personajes consultados por la protagonista ponen sus conocimientos voluntariamente justificándose en un deseo de "lavar" la imagen de una España que apoyó a los fascistas porque el gobierno español también lo era en esa época y aduciendo que todos los españoles deberíamos avergonzarnos de ello. Esos españoles que dividieron a España en dos y se apropiaron de la bandera que tendría que representarnos a todos, pero ya no no nos representa a los que no seguimos esa ideología.

Para lavar el mal sabor de boca, unas fotos de nuestro viaje a Budapest en el verano de 2018.

El Danubio "azul", al atardecer, es de color púrpura.

En barco por el Danubio, la primera noche, 


monumento a las víctimas de los nazis, a las orillas del río.

en uno de los bares "ruina" de moda en el barrio judío

vistas de Pest desde Buda :-)





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