La quinta salida del trimeste,
se realizó el domingo 2 de diciembre, una travesía por el Parque Natural
Saja-Besaya, de Los Llares a Bárcena Mayor. El autobús salió, más o menos, a las 8.00 de Santander (frente a las estaciones),
con la parada habitual a las 8.10 en
Valdecilla y a las 8.30 en
Torrelavega (Estación de FEVE), hasta el Valle de Iguña,
tomando un desvío que desde Las Fraguas conduce hacia el oeste.
Comenzamos a caminar
en Los Llares (250 m .), siguiendo hacia
el sur el Río de los Llares,
adentrándonos en un buen bosque de roble y haya. Sin embargo, hicimos un rodeo para no tener que vadear el río en el lugar previsto, así que la subida era primero suave y luego por tramos pindios como cortafuegos.
Hasta una loma verde con manchas blancas, despejada, que creo que ya está cerca de la divisoria Saja-Besaya.
Y lo que ya no sé es si coronamos alguna cumbre o no. Mi mayor preocupación era guardar el poco calor corporal que últimamente me cuesta tanto conservar, además en esta ocasión el viento venía a disminuir la sensación térmica por debajo de 0ºC y no estaba preparada para pisar tanta nieve. ¿Esta gobernada por la ranita nueva de Esther es La Guarda (1.085 m .)?
Desde luego, buenas
vistas sí que había, de esas mágicas que sólo existen en la Cornisa Cantábrica: montañas nevadas o rocosas a un lado, pisando nieve como en el Himalaya, y al otro, colinas verdes y al fondo el mar, hasta la península de la Magdalena y las nubes negras sobre Santander.
Bajamos hacia el oeste, por un camino empedrado entre un bosque de robles y castaños que al cabo de un tiempo de perder la orientación se junta con el trazado del GR-71, hasta Bárcena Mayor (500 m .), localidad
declarada Conjunto Histórico-Artístico, y uno de los pueblos de interior más visitados
de Cantabria.
Allí llego sola y de los primeros, según Juanmi y Almudena que nos reciben a la entrada del pueblo, porque han imprimido una velocidad de vértigo en las últimas rutas. Aprovecho para dar una vuelta por el pueblo buscando el aparcamiento donde llegará el autobús morado, y recordando las farolas de los ejercicios de fotografía de Carmen de hace mil años. Es un pueblo empedrado y cuidado como pieza de museo, se ven tiendas de souvenirs y mesones, pero "ni una sola gallina"... como comentan algunos, críticos de ciertas formas de recuperación de zonas rurales. Pierdo a toda la gente conocida, encuentro a Manoli, que me da una lección de perdonar.
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