viernes, 20 de julio de 2012

Regresos

Esta entrada va también de regresos, esta vez Enschede (Países Bajos), la ciudad que constituyó mi entrada en Europa después del casi año en Japón. Cuando podía irme a vivir a un lugar nuevo durante un año como si fuese para siempre aun teniendo fecha de inicio y de fin.

Gracias a Marloes me he sentido de nuevo en Holanda como entonces, volviendo a aprender a moverme en las altas bicicletas holandesas, aunque no fui capaz de usar la que me tenía reservada ya que no llegaba al suelo, y fue tan amable de dejarme la suya...

Volver a pedalear por Hengelostraat hasta el centro de Enschede, cruzar las plazas contra viento y marea, ciclistas y peatones. Aquí a la izquierda, la plaza comercial que ocupa el mercado de los sábados (que no vi) y a la derecha, la plaza vieja de la iglesia (cerrada, salvo para teatro y conciertos, qué buen uso dan los holandeses a las iglesias, ¿verdad?), rodeada de cafés, entre ellos el SamSam, donde siempre, aunque ya no son los mismos camareros y siguen tardando una eternidad en servir, pero el té helado casero es inigualable, y al estar junto al cine alternativo es un buen sitio para parar y comentar la película con los amigos. En esta ocasión, bastante teníamos con comentar nuestras vidas y rellenar los años de ausencias.






Vivir una semana en casa de Marloes me ha permitido conocer la parte norte del campus, que no está tan "urbanizada" ni edificada... 15 min de bicicleta desde casa de Marloes a través de bosques y prados verdes, granjas con vacas y ocas... ni siquiera la lluvia ha sido muy exagerada estos días... así que he disfrutado como una enana y he llegado todos los días temprano y llena de energía a De Waaier para enfrentar la jornada de congreso.

El viernes acabó el congreso a mediodía y me despedí de Clare, para evitar lo más gordo del chaparrón (el único gordo de toda la semana, he tenido suerte con el tiempo), en su oficina super moderna. Luego, hacer la maleta y descansar y leer en la habitación de invitados hasta que llegó Marloes a casa y me subió un té con leche y una stroopwafel para merendar, y charlar... hasta la hora de salir con sus amigos para cenar en el recién abierto restaurante "afgano" de Granerbrug. Pero para ello atravesamos el barrio recuperado de la antigua fábrica de fuegos artificiales... donde nos llaman la atención las flores en el agua (ver foto). 

Fantástico usar la bici como vehículo a través de la carretera arbolada, fantástico para bajar la cena de regreso a casa. 

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