Pues eso, el 23 de julio no me sentía tan cosmopolita como había pensado, eso de "un día aquí, el otro allá", "un día boda y fiesta en Cantabria", al día siguiente volando hacia los Países Bajos otra vez. Cuando un chico guapo te propone continuar la fiesta en Cañadío y tienes que decir que no porque tienes coger un avión, la situación cambia.
Y sin embargo, el viaje salió bien. Quitando los sustos de los aviones de Air nostrum, esa compañía valenciana que funciona como sus políticos, lo que se refleja en este caso en retrasos de 40 minutos o más, ya en el avión a Amsterdam conocí a los del CSIC de Valladolid, de hecho, cuando hubimos despegado, vino Ángel y nos presentó a la chica de la butaca de al lado y a mí, como su doctoranda, yo como parte del equipo de Zaragoza en el proyecto de separar aire.
En Schiphol, el aeropuerto de Amsterdam, a varios kilómetros de la ciudad y 4-5 km por debajo del nivel del mar, la cinta de los equipajes está cada vez más lejos de lo que recuerdo de modo que cuando sale mi maleta, me despido y salgo a buscar el tren. En Zuidstation, hace frío pero no llueve y el taxi al hotel sólo cuesta 5 €. Beatriz y Pilar ya están acostadas estudiándose el programa del congreso. Yo me he estudiado el del lunes, este congreso ICOM es tan grande (1051 participantes, 633 posters, no sé cuántas orales, 6 sesiones paralelas, recordó Antoine el último día), que he decidido irlo preparando de un día para otro o no daré abasto.
El hotel es uno de esos típicos holandeses, un edificio de 3 plantas y tres puertas de entrada, escaleras estrechas, en una calle tranquila de una zona residencial. El regente es chino. El desayuno es sencillo pero está bien.
El centro de congresos del RAI, debe de haber sido impresionante, todavía lo es, pero se está haciendo viejo, las puertas de madera interiores ya no se llevan, la fachada pertenece a otra época, y puede que sea el motivo de las obras que incomodan el acceso. Así y todo el alquiler de ese sitio ha sido lo que ha encarecido el registro, en opinión de todos.
Todos... tantos participantes y conozco a la mayoría y la mayoría me conoce... organizan los compañeros del grupo de Twente, los que siguen allí y los que están ahora en Aachen o repartidos por otros lugares del mundo. Me reconocen casi como una más, y luego se acercan los de Cantabria, los de Japón, los de Israel, todos super encantadores.
Por supuesto que he representado bien a Zaragoza, mi poster ha llamado la atención, a pesar de la magnitud del congreso, estando en primera fila del pasillo central, y entre la gente que les interesaba el tema, y la gente que se pasaba porque me conocía, la sesión del lunes fue... agotadora. Como el congreso, aunque todo muy fructífero. Me reconocen como una más los doctores y gente como yo, ya no soy una postdoc, una becaria, alguien que no sabe dónde va a parar mañana.
Quiero acabar esta entrada hablando de Hiroshima, que hoy conmemora el 66 aniversario del acto más cobarde cometido por los países occidentales en toda la historia de la humanidad. ¿Hace ya 6 años que estuve allí este día? Caray... y así y todo... De Hiroshima estaba Tsuru-sensei, muy contento de que haya conseguido publicar nuestro artículo, diciéndole a todo el mundo que yo trabajé en su laboratorio... Bueno, técnicamente, era el de Asaeda-sensei, pero eso son tecnicismos. Lo importante es que, aunque luego diga que la universidad de Zaragoza es más importante que la de Cantabria, es conmigo con quien quiere colaborar. Porque yo he estado allí y sabe cómo trabajo y cómo soy.
Si la universidad de Cantabria es "pequeña", ¿no es lógico intentar situarla a la altura de los que se consideran "grandes" en el campo de la tecnología de materiales y membranas? ¿Vamos pensando cómo hacerlo, con la colaboración de todos los investigadores con los que he trabajado estos años, cada uno aportando su especialidad, la que más os guste, porque hay que construir un mundo en el que todos puedan trabajar en lo que se sientan bien?
¿Por qué dejar de ser idealista y dejar de soñar? Yo he vuelto a soñar, en el ámbito profesional y en el personal. ¿Qué hay de malo en eso? Una niña soñó que si construía 1000 grullas de papel se recuperaría de la leucemia que le había causado la lluvia radiactiva después de la bomba atómica de Hiroshima. Sólo llegó a hacer unos cientos, y desde entonces niños de todos los países del mundo mandan al parque de la Paz ristras de miles de grullas de papel, para que el sueño de esperanza de esa niña no muera.
Tsuru significa grulla en japonés...

Las fotos de Amsterdam, en facebook. ¡Gracias por comentar!
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