domingo, 3 de abril de 2011

Una clase de membranas

No sé cómo lo hacen otras. Cuando un tío les trata bien, se lo cuentan a todo el mundo, y no dejan de hablar de ello, todos tenemos que escucharlo; entonces, si eso acaba mal y el tío les trata mal al final, todo el mundo las consuela, va a su casa, les ponen música, les regalan chocolate y flores, se quedan con ellas hasta que se encuentran mejor y pueden sonreír detrás de las lágrimas.

Yo no pude hablar de eso cuando estaba bien  más que con una persona y cuando me trató mal, tampoco.

* * *
Será cosa de membranas.

Una membrana es una barrera semipermeable que, cuando se le aplica una fuerza impulsora, deja pasar unas cosas y retiene otras.

Cuando la fuerza impulsora es la amistad, pasan todas las cosas buenas que compartimos sin pensar, porque sí, con alegría y Carpe diem: viajes, cafés, almuerzos, playa, risas, excursiones, la montaña, la nieve, juegos de mesa hasta que nos duele el cuerpo de tanto tiempo en la misma postura, carcajadas repentinas que brotan del centro del estómago, películas al aire libre, paseos por las murallas, por un río que no es un río, jardines de lujurioso verde rodeados de amarillo…

Luego hay que tener en cuenta los obstáculos al flujo a través de la membrana: corrientes tangenciales que empujan algunos de esos momentos y no dejan que la atraviesen, como la comunicación insólita de tu estado civil, o una llamada telefónica, un estampido en la pantalla de cine cuando te estás acercando tanto que siento el calor de tu mejilla a medio rasurar contra la mía.

Cuando la fuerza impulsora viene de dos corrientes de distinto color, surgen los problemas. Uno es rojo pasión, otro es rosa como el amor teñido de amistad. El rojo insiste en que los hombres casados no son atractivos. El rosa lo niega, por el principio de “no hacerle a otra lo que no quieres que te hagan a ti”. Como si yo lo supiese. Yo soy más bien un catalizador (y esto viene de un capítulo previo de la  eterna historia/novela/camino de "La membrana perfecta" que sigo escribiendo a pesar de todo). Y ya tenemos un reactor de membrana. Yo soy el catalizador que se enamora, se convierte en amiga cuando el reactivo o sea tú lo está pasando mal, actúa, es decir, ayuda, y cuando ya se encuentra bien y se ha obtenido un producto diferente, el catalizador se queda plantado. Necesita regeneración, claro. ¿Hasta cuándo podrá seguir regenerándose?

Cuando la fuerza impulsora viene de dos corrientes diferentes, pasión/necesidad vs. amistad/amor (¿qué es eso?) hay fricción para pasar por los poros del espesor de la membrana. Tú juegas con mi cuerpo hasta que te das cuenta que yo no estoy jugando de la misma manera. Entonces tratas de sacar el máximo provecho posible, pero la conversión de blanco amistad a rojo pasión no es nunca del 100%, y la primera parte te impide llegar hasta el final, atravesar la membrana, ver qué hay al otro lado, salvar de sí misma al catalizador.
Te quedas atrapado en el interior de la membrana y reculas, empujas, rompes los poros o te mueres. Te vas.
Yo espero al otro lado y no estás. Eso es separación.

¿O será engaño? A mí me engañaron haciéndome creer que tenía un amigo. ¿Será que la auténtica separación no es responsabilidad de una membrana perfecta, y por tanto mi novela de ciencia ficción carece de sentido, sino de engaño y mentira, o sea que nada de ciencia, todo ficción?

Tiene sentido. Por la comprobaciones que me está trayendo 2011, nadie cree en la ciencia. Es todo puro engaño.

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