domingo, 10 de octubre de 2010

primera excursión de senderismo CAU 2010-11


El domingo 3 de octubre de 2010, nos volvimos a juntar en el Rectorado para salir de senderismo. Yo iba con sueño infernal, apenas había dormido por miedo a no oír el despertador, pero así y todo no dormí en el viaje y leí en "el buq".

Paramos en un bar de la carretera entre Sagunto y Burgos, en la provincia de Teruel, donde sirven el café con leche en grandes vasos de vidrio.

Qué bien sienta volver a hablar con la gente maja de estas excursiones.

En el bus, Luis explica en verso nuestra trayectoria: "Excursión desde El Cuervo a Tormón, por el río Ebrón". El río Ebrón es un afluente del Turia, estamos justo en el límite entre Aragón y Valencia, de agridulces recuerdos. El Ebrón es un río truchero donde antiguamente pescaban con las manos y ahora está prohibido. Es el río más limpio que imaginarse pueda, "como todos deberían estar", dice Isabel, y lo secundo.

Vamos por el sendero de los Estrechos, de orografía escarpada, sierra caliza de unos colores ocres y rojizos impresionantes salpicado de infinidad de verdes de los pinos y eso que el otoño aún parece no haber empezado en esta región.

Se me ha olvidado la cámara, la crema solar, el bikini y toalla para secarme... No me pesa lo primero, así me fijo y escribo; además cuento con las fotos que me han hecho Chema y Yenling. Lo segundo, tampoco, así recupero el color del verano, lo tercero... un poquito más adelante sí, para qué lo vamos a negar.

He venido con los dos palos nuevos para aprender a caminar con ellos y estar preparada en futuras excursiones donde de verdad sean necesarios. Me han ayudado a mantener el equilibrio para cruzar el río sobre las piedras húmedas.

Comemos en una especie de puente natural sobre el cortado (que antes hemos visto desde abajo para tocar el agua fresca).

¡He hablado en holandés! Gracias a Frank, un estudiante de master que ya se vuelve a su país brevemente antes de irse a viajar por el mundo... y además le entendía, es de la región de Twente...


Huele a tomillo y hierbas aromáticas.


Hasta la hiedra amarilla parece que brilla con luz propia a la sombra del camino. Subimos y bajamos por un sendero de bosque, maravilloso, hasta la cascada de Calicanto (oh, qué nombre de cuento, como el castillo de irás-y-no-volverás), allí, los que llevaban bañador se metieron... Unas chicas y yo nos pusimos los zapatos de agua (menos es nada) y llegamos a tocar el "musgo"... detrás de esa cascada pueden haber miles de mundos por explorar, por inventar...


A la salida, se cruzan las antiguas dependencias del molino, que conservan la turbina de la central eléctrica (¡fundida en Zaragoza!) Un carretil desemboca en unos 700 m en el pueblo de Tormón, atravesando campos de cultivo protegidos por botellas de plástico colgando de los árboles con objeto de espantar a los pájaros.

Tormón significa "tormo grande" y me dicen que "tormo" significa "terrón" (de azúcar, por ejemplo) en aragonés, así que se refiere al enorme peñasco vertical que saluda a los caminantes al entrar al pueblo.

Gárgolas de material reciclado y una iglesia muy bonita con el tejado de colorines, al pie de la cual encontramos a los promotores de la excursión y mientras Luis se lleva aparte a los chicos con aire conspirador, yo le preparo una tarjeta de felicitación a Cristina, pues el siguiente martes era su cumpleaños.
Esta crónica no me ha salido como esperaba, escribo en Thor sentada en el salón de la casa de Santander, con el corazón encogido y los nervios en punta, me tengo que ir a estudiar ya...

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